Se sabe que las Amazonas se establecieron en la isla de Lesbos, patria de Safo (la mayor poetisa de la Grecia clásica [siglo VII y VI a. C.]), en Lemnos y en la Samotracia, más al Norte. Según la mitología griega, las Amazonas eran hijas del dios Ares (dios de la guerra, hijo de Zeus) y de la ninfa Harmonía (ligada al culto de los dioses de Samotracia).
La mitología de estas mujeres diferentes viene de la protohistoria de Grecia.
Serían originarias de la Tracia o de las costas meridionales del Mar Negro (Cáucaso) y se establecieron inicialmente en la Capadocia (hoy territorio turco) habitando las riberas del Río Termodonte. (En el siglo XVII, Rubens pintó dos expresivos cuadros donde representa las luchas de las Amazonas contra Teseo, precisamente sobre este río).
Las Amazonas se habrían apoderado de Éfeso, donde fundaron el más antiguo templo a la diosa Artemis, diosa ésta relacionada con el amor entre mujeres. Habrían fundado también la ciudad de Mitilene, en la Isla de Lesbos, hoy francamente relacionado con el lesbianismo, aspecto que llena incontables páginas de Internet. Hay una revista belga de lesbianas, con el nombre de Pentesilea.
Uno de los encuentros más relatados de las Amazonas fue con los Argonautas que llegaron a la Isla de Lemnos. Fueron bien recibidos, hasta el punto de que permanecieron allí un año, casi olvidando su misión, que era la demanda del «Vellocino de Oro».
Amazonas, desde Grecia hacia el Nuevo Mundo
En 1492 Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo -después conocido como América- y no a las Indias, como era su intención; vamos a ver cómo él y sus hombres divulgaron el mito de las Amazonas.
Colón, en el regreso del primer viaje al Nuevo Mundo, al arribar a una de las islas del Caribe, sufrió, por parte de una tribu guerrera, una recepción decididamente hostil. Sobre ese inesperado encuentro escribió a Luis de Santangel, hombre de confianza de los Reyes Católicos, en estos términos: «(…) es la primera isla que se encuentra, para quien va de España rumbo a las Indias y donde no hay ningún hombre. Estas mujeres no se ocupan de ninguna actividad femenina, sólo ejecutan ejercicios con el arco y las flechas fabricados con cañas y se cubren con láminas de cobre que poseen en abundancia».
Uno de los pilotos que acompañó al navegante Fernando de Magallanes contó al italiano Filippo Pigafetta (1491-1534) que había una isla con solo mujeres. Pigafetta nos habla de la isla de Ocoloro, en las proximidades de Java (Asia), donde las mujeres que «dando a luz algún hijo, lo matan si fuese macho y, si fuese mujer, lo conservan con ellas. Y tan esquivas se mostraban a la conversación amorosa que, si algún hombre osase desembarcar en su isla, pugnaban por quitarle la vida».
El conquistador español Hernán Cortés, cuando exploraba la costa occidental de Méjico, cerca de 1520, relató al emperador Carlos V que mucha gente le aseguraba que era verdad que existía «una isla poblada por mujeres sin ningún macho. En ciertas épocas los hombres de Tierra Firme van a visitarlas, ella se entregan a ellos y las que dan a luz hijas se quedan con ellas, si nacen machos los rechazan».
También en 1535, Diego de Almagro (1475-1538), que participó en la conquista de Perú con Pizarro, dijo haber oído, en aquella zona, relatos de indios asegurando que había una vasta región dominada por mujeres cuya reina se llamaba Guanomilla (que significa cielo de oro) y que en esa tribu había tanto «metal blanco y amarillo» que hasta los sencillos utensilios para preparar los alimentos eran hechos a mano con esos metales preciosos.
