El tiempo se detuvo en la bulliciosa Pompeya aquel fatídico 24 de agosto del año 79 de nuestra era, cuando las cenizas y la lava del Vesubio la sepultaron para siempre. Hasta entonces sus habitantes no habían vivido nada mal.
Una ciudad de provincia cuyos 25.000 habitantes se dedicaban esencialmente a la agricultura y a la viticultura.
u mundo desapareció en 24 horas. Vivían sin saber que bajo las laderas fértiles del Vesubio latía el germen de su propia destrucción, que llegó por sorpresa en el año 79 antes de Cristo. Los habitantes de Pompeya, entre 12.000 y 15.000 personas según se estima, y los de la vecina localidad costera de Herculano, con unos 4.000 habitantes, murieron sepultados por sus propios techos, asfixiados por los gases tóxicos de la erupción, o carbonizados por un flujo abrasador de roca y aire ardiendo que se abalanzó sobre Herculano a 30 metros por segundo y 400 grados de temperatura.
Una nube volcánica de 35 kilómetros llevó la oscuridad a la bahía de Nápoles. La falta de visibilidad impedía la huida a los pompeyanos, que tuvieron unas pocas horas más de vida. Pero su mundo había sido el del aire fresco que disfrutan los actuales visitantes cuando recorren sus calles ordenadas, con el volcán al fondo. Un universo urbano de placeres y gozos cotidianos que desvela con sorprendente ternura la exposición que inaugura mañana el British Museum: «Vida y muerte en Pompeya y Herculano».
La muestra actúa como una varita mágica que insufla vida a las piedras muertas, reconstruyendo con sorprendente eficacia a través de 450 objetos (algunos no habían salido nunca de Italia) aquellas escenas que solo la imaginación del turista podía hasta ahora recrear. Y la vida romana que enseña está muy lejos del rugido de los gladiadores. Pompeya y la pequeña Herculano eran localidades cosmopolitas con una fuerte proporción de esclavos libres entre sus ciudadanos. Se estima que Pompeya debió tener entre 9 y 30 burdeles, la misma ciudad en cuyas paredes se han encontrado más de 50 graffitis con citas del poeta Virgilio. Un mundo de escenas tabernarias y conversaciones de alcoba que lleva a «The Times» a proclamar que «Sexo en Nueva York» ya lo descubrieron los romanos.
«Pompeya y Herculano eran dos ciudades romanas ordinarias que tuvieron un final extraordinario, y es esa ordinariedad la que nos dice tantas cosas de la vida de los romanos», explica Paul Roberts, comisario de una exposición estructurada siguiendo la vida en las calles, primero, y las diferentes estancias de las casas después. En ellas, las familias de Pompeya se retrataban con un sorprendente afán ilustrado e igualitario.
n buen ejemplo es la estatua de la sacerdotisa Eumachia, que guarda todavía el color rojizo de su cabello. Sufragó de su bolsillo el edificio más grande del foro pompeyano, y el reconocimiento que concitaba es evidente. «No quiere decir que fueran iguales, no lo eran, porque no podían votar o asumir cargos públicos, pero mujeres como Eumachia constituyen un nuevo estrato de la sociedad romana», cree.
También las desinhibidas escenas de sexualidad conyugal que muestran algunos de los frescos más llamativos de la muestra apuntan a ese equilibrio (relativo) en las relaciones entre sexos. En un fresco encontrado en la Casa de Lucius Caecilus, la pareja parece entretenida con las posturas sexuales, ella de espaldas, desnuda y reclinada sobre él, mientras un esclavo difuminado al fondo espera sus instrucciones. La pintura colgaba en el patio de la casa, a la vista de todos. Como explican los responsables de la exposición, «los romanos estaban muy habituados a las imágenes de erotismo y sexualidad, que a menudo veían más como símbolos de fertilidad, superstición o, simplemente, de humor».
La vida en el hogar está ilustrada por delicados objetos, como una cuna de bebé de madera recuperada de la ira del volcán, o un banco para hacer una pausa en los paseos por los patios y jardines, reconstruidos con toda su calma por el museo londinense. En la calle, los residentes menos adinerados buscaban diversión en la tabernas como la de Salvio, de la que se salvaron algunos de los frescos más reveladores de la cotidianeidad pompeyana. «Aquí», exige un cliente al camarero. «No, me toca a mí», contesta otro. Las cocinas, un espacio menor en las casas, muestran las sopas y guisos de lentejas, alubias o cebolla que preparaban cuando estalló el Vesubio. Y la subrepticia presencia de higos cuestiona la trágica fecha del 24 de agosto atribuida a Plinio el Viejo, al ser octubre el mes de esta fruta.
11 Datos curiosos sobre la vida y el desastre acaecido en Pompeya
1. De noche se utilizaban lámparas de aceite (lucernas) fabricadas mayormente en barro y bronce. Se colocaban por todos los rincones de la casa. ¡En la casa de Julio Polibio se encontraron más de 70!.
2. La Casa del Horno fue la primera panadería que se descubrió. Actualmente hay 35 excavadas.
3. Junto a algunos cadáveres se encontraron botellitas de veneno (seguramente para evitarse el sufrimiento de morir quemados).
4. Algunos perros seguían atados en las casas cuando les llegó el momento de la catástrofe. También se han encontrado gladiadores apresados en el anfiteatro que murieron sin la posibilidad de escapar.
5. Para ahuyentar el mal de ojo los romanos colgaban en la entrada las tintinnabulas, unas campanitas en forma de falo. El falo era el símbolo de fertilidad y prosperidad; además ahuyentaba a los malos espíritus y atraía a los buenos dioses. En Pompeya se han encontrado muchas que por su connotación erótica fueron a parar al gabinete de los Secretos.
6. La carta de Plinio el Joven describe a la perfección el desastre ocurrido; gracias a ella tenemos muchos datos de cómo pasó exactamente. Te ofrecemos un breve fragmento:
[quote_box_center]Me pides que te describa la muerte de mi tío para poder dejar a la posteridad un relato más verídico de la misma… El 24 de agosto, como a la sétpima hora, mi madre le hace notar que ha aparecido en el cielo una nube extraña por su aspecto y tamaño. Él había tomado su acostumbrado baño de sol… La nube surgía sin que los que miraban desde lejos no pudieran averiguar con seguridad de qué monte…A mi tío, como hombre sabio que era, le pareció que se trataba de un fenómeno importante y que merecía ser contemplado desde más cerca… “[/quote_box_center]
7. Aún se pueden contemplar hogazas de pan carbonizadas.
8. El lupanar, lo que nosotros llamamos burdel, es hoy día una de las mayores atracciones turísticas de Pompeya. Otros lugares interesantes para visitar son el foro, el anfiteatro, la villa de los misterios y el teatro grande.
9. Las casas que tenían perros lo hacían saber con un dibujo grabado en la piedra en el que constaba un perro con cuerno o alas y una frase que decía ‘Caven en am’, ¡Cuidado con el perro!
10. Las termas eran el lugar de descanso diario. Eran gratis y separaban a hombres y mujeres.
11. La forma de comer en Pompeya era semitumbados en camas.
Pompeya fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987.
Hasta ahora se han encontrado 2.000 victimas pero se calcula que el número posiblemente ascienda hasta 3500.
