Don Juan de Borbón franquista. El 1 de agosto de 1936 un hombre que se hace llamar Juan López entra clandestinamente en España por Dancharinea (Navarra), el único paso fronterizo abierto en zona franquista. No viaja solo. Viste un mono azul sobre el que lleva un brazalete con los colores de la bandera «roja y gualda». Sobre su pecho el símbolo de Falange y en su cabeza una boina carlista.
Juan de Borbón "demócrata". Antonio García-Trevijano, representante de la Oposición Democrática en el exilio, mantuvo reuniones clandestinas con don Juan de Borbón, quién estaba dispuesto a proclamarse rey de España, con el apoyo de la Oposición, revelándose contra Franco, después del atentado de ETA contra Carrero Blanco, segundo y sucesor del Dictador.
Ese fue el momento más grave e inestable del Régimen y Trevijano quería aprovecharlo. Al final los asesores de don Juan le disuadieron; era más seguro el plan de la CIA; el pacto de las élites económicas y los franquistas con visión de supervivencia con Felipe González y Santiago Carrillo.
La elección de Juan Carlos
Don Juan, viendo que los Aliados no derribarían a Franco, se instaló en Estoril pensando que desde allí podía llegar rápidamente a Madrid si se producía un golpe de Estado. Entonces desplegó una zigzagueante política a múltiples bandas: flirteó con la oposición, incluyendo socialistas y anarquistas (los “anarcomonárquicos”), se aproximó al carlismo y, finalmente, trató directamente con Franco. En 1948 alcanzó un acuerdo con éste a bordo del yate “Azor” para que su hijo Juan Carlos –Juanito– se educara en España bajo la tutela del autócrata. Ello cercenó sus posibilidades como candidato al Trono de la oposición a la dictadura e hipotecó su actuación posterior.
De forma paralela, como muestran estas dos primeras partes de la obra, Franco rompió con la familia real carlista, encabezada por Don Javier de Borbón-Parma, ya durante la Guerra Civil. Así las cosas, en la posguerra promocionó un candidato tradicionalista, el citado “Carlos VIII”, originando un efímero movimiento “carlo-octavista”. De esta forma, las relaciones entre el dictador y la esfera carlista se tensionaron.
La tercera parte (“De Franco a Juan Carlos I: del ‘soldado rey’ al rey constitucional, 1949-1978)”) analiza la compleja llegada al Trono de Juan Carlos. Durante el período examinado, se produjo un relieve generacional entre los diversos pretendientes al Trono. Si Juan Carlos devino el nuevo pretendiente alfonsino -a pesar de su padre Don Juan-, también lo fue Alfonso de Borbón Dampierre (primogénito de Don Jaime, el hermano mayor sordomudo de Don Juan) y Carlos Hugo de Borbón-Parma, primogénito de Don Javier.
El ensayo analiza sus respectivos matrimonios en la carrera hacia el Trono y examina como Juan Carlos logró perdurar como candidato final de Franco en un contexto no siempre favorable. Especialmente cuando Alfonso de Borbón Dampierre se casó con la nieta del Caudillo y Carmen Polo y su yerno, el marqués de Villaverde, acariciaron la posibilidad de que la pareja reinara.
La sucesión, una “gran partida” de ajedrez
El Epílogo (“De ‘rey soldado’ a ‘rey constitucional’, 1975-1978)”) muestra el proceso de desmantelamiento del régimen de Franco tras su fallecimiento y el vacío legal que creó la tardía renuncia de Don Juan al Trono, al existir un Rey de hecho -Juan Carlos- y otro de derecho, Don Juan. Finalmente, expone como la “gran partida” de ajedrez que Franco jugó con los diversos pretendientes dejó a las familias de estos rotas y truncadas: el Rey se enfrentó con su padre; Carlos Hugo con dos de su hermanos y Don Jaime, su primogénito Alfonso y su nieto tuvieron trágicas muertes.
En las conclusiones (“Diez tesis sobre la monarquía instaurada”) se ofrece una visión general de diversas cuestiones abordadas en el libro, planteando -entre otros temas- si el franquismo fue un paréntesis dinástico o una etapa de formación de reyes. El estudio cuestiona numerosos tópicos ampliamente extendidos, cómo el de las supuestas penurias económicas de la familia real o la continuidad dinástica entre Alfonso XIII y Juan Carlos I, y advierte cómo actualmente se ha pasado de la idealización de la monarquía a la vulgarización de esta institución.

