LAS OBLIGACIONES DE LA MUJER EN LA EDAD MEDIA

 


Los deberes de la mujer medieval no tenían fin. Los maridos esperaban llegar a su casa y encontrar todas las tareas realizadas, pero eso suponía una cantidad ingente de trabajo que ni siquiera podemos imaginar.


Lavado


La tarea no se limitaba únicamente al lavado, sino que previamente la mujer debía elaborar el jabón o la lejía que utilizaría. Además como en su casa no había agua corriente el río o el lavadero comunal, con agua helada, serían los únicos lugares en el que podría hacer la colada. Si quería utilizar agua caliente, debía calentarla ella misma en su casa. Acarear el agua, encender el fuego y llenar un recipiente para sumergir la ropa en él.


Cocinado


Hoy en día encendemos el gas o la encimera eléctrica y ponemos encima la cazuela o sartén para cocinar lo que hemos comprado en el supermercado. La mujer medieval tenía que recoger primero la leña y encender el fuego en su hogar. Lo que fuera a poner en la olla posiblemente había sido criado o cultivado por ella y previamente lo había recogido del huerto o había matado, desangrado, desollado y descuartizado al animal que fuera a cocinar. Con la leche debía fabricar mantequilla y en muchos lugares de Europa también tenía la misión de preparar la cerveza floja que era la bebida habitual.


Animales y vestuario


La mujer debía cuidar de los animales del gallinero así como del ganado que poseyera la familia: vacas, ovejas, cabras, etc. Con la lana procedente del esquileo tenía que hilar y tejer la ropa de la familia.


La mayoría de mujeres de la época no sabían ni leer ni escribir y las tareas que realizaban las conocemos por los historiadores y arqueólogos que han encontrados escritos y restos que confirman las tareas que realizaba la mujer medieval.


Entre los documentos más curiosos está el que un parisino, en el siglo XIV, dejó escrito y detallado con lo que esperaba de su joven esposa, una chica de 15 años con la que iba a contraer matrimonio. 


La joven, de buena familia, sabía leer y escribir por lo que su futuro esposo, que era ya un anciano, le detalló sus deberes: debía ayudarlo a “…descalzarse ante un buen fuego, a lavarse los pies y a usar zapatos y calcetines frescos”, Debía procurarle “…buena comida y bebida, estar bien atendido y bien cuidado, bien acomodado en sábanas blancas y …satisfecho con otras alegrías y deseos, privacidades, amores y secretos de los cuales no hablaré.


Y al día siguiente camisas y prendas frescas. Ciertamente, tales servicios hacen que un hombre ame y desee regresar a su hogar y ver a su buena esposa, y estar distante con los demás.”