Actualmente el criterio para aceptar una solicitud de invalidez no es la salud del enfermo sino el criterio económico; no hay dinero en las arcas, no hay invalideces.
Los enfermos y sus familias pasan por situaciones anímicas y económicas terribles que se unen al sufrimiento físico por su enfermedad.
La Administración pasa el problema a la empresa que, al no poder reincorporar al empleado, lo despide, la mayor parte de las veces por un precio barato gracias a la nefasta Reforma Laboral. Esa persona difícilmente va a encontrar trabajo. Solo le queda la beneficencia. Esa es la triste realidad de miles de trabajadores enfermos que han cotizado durante toda su vida laboral.
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