Por Melchor Alzueta Satrústegui (extracto de su trabajo original)
Una de las experiencias inexpresadas mas corriente es el resentimiento, es la situación inconclusa por excelencia.
Los resentidos no pueden avanzar y liberarse, expresar su enojo, cambiar el mundo para obtener satisfacción, ni pueden aflojar y olvidar el asunto que les molesta.
El resentimiento es el equivalente psicológico de la mordedura perseverante, ni pueden soltar, ni morder y masticar, ni cualquier acción que permita que tal persona o episodio retroceda hacia el fondo, ni puede, tampoco, acometer esto activamente. Detrás de todo resentimiento hay exigencias, la exigencia es la única forma de comunicación. (Perls)
El resentimiento, nacido de la impotencia para expresar sentimientos negativos, revierte hacia dentro de la persona individual o del sujeto colectivo, envenenándolo y produciendo graves distorsiones en la aprehensión de valores y su jerarquía.
Es un proceso de formación bien peculiar que nace de otras disposiciones de ánimo, (vergüenza, odio, envidia, venganza, celos....), reprimidos por la impotencia.
“Cuando los impulsos negativos de venganza y odio, no los podemos vencer mediante un perdón auténtico, y simultáneamente no les podemos dar rienda suelta, por debilidad personal o por posición social, el veneno del resentimiento aparece insensiblemente hasta producir sus mas amargos frutos”.
• En la significación de la palabra resentimiento hay dos elementos:
El primero es que se trata de una determinada relación emocional frente al otro, reacción que sobrevive y se repite repetidamente, con lo cual ahonda y penetra mas en el centro de la personalidad. Este continuo revivir y sobrevivir de la emoción es muy distinto de un recuerdo meramente intelectual, y de los procesos a los que respondió. Es un volver a vivir la emoción misma, un volver a re-sentir.
En segundo lugar la palabra implica que la cualidad de esta emoción es negativa. Esto es, expresa un movimiento de hostilidad, al que tal vez debamos llamar “rencor”. Ese enojo retenido, independiente de la actividad del yo, que cruza oscuro el alma y acaba formándose, cuando los sentimientos de odio u otras emociones hostiles reviven repetidamente, todavía no contiene ningún designio hostil determinado, pero nutre con su sangre todos los designios posibles de esta clase.
El resentimiento es una autointoxicación psíquica permanente, que surge al reprimir sistemáticamente la descarga de ciertas emociones y afectos Los que son en si normales, y pertenecen al fondo de la naturaleza humana, tiene que ver con juicios de valor y los correspondientes engaños valorativos. Las emociones y afectos que aquí vamos a considerar son: • El sentimiento y el “impulso de venganza”, el odio, la maldad, la envidia y el miedo.
El punto de partida mas importante en la formación del resentimiento es el impulso de venganza. La palabra “re sentimiento” ya implica re-acción, es decir impulso reactivo, y este impulso es el impulso de venganza, que difiere de los impulsos amistosos o agresivos de propia dirección y que contiene dos características esenciales:
Un refrenamiento y detención momentáneo (bloqueo), del contra impulso inmediato, (y de los movimientos de ira, cólera o furor, asociados a él) y un aplazamiento de la contra reacción para otro momento y situación mas apropiada (“ya te pillaré yo a ti”...”te vas a enterar”...).
Este “freno”(bloqueo), va enlazado a la sensación de que la contra reacción sería fatal, sería un fracaso, por lo tanto es mejor no responder ya que con esta consideración viene enlazado un sentimiento de “impotencia” de debilidad y de “cosa débil”.
Así pues, el resentimiento se basa en una vivencia de impotencia pura, de sentirse débil.
• Al ser reacción no tiene criterio propio, siempre está en la conciencia el “esto por esto”.
Por virtud de todas estas características propias “el impulso refrenado de venganza por pura impotencia es el punto de partida mas propio para la formación del resentimiento”.
Al no poder traducir los sentimientos en actividad (por impotencia), estos se enconan, bien sea por debilidad física, por castigo moral, o por temor o pánico, y la persona al existir el impulso reprimido se resiente, se vuelve una persona especialmente amargada, contrariada, que pone “al mal tiempo buena cara” pero que tiene guardados los afectos de repulsión y hostilidad.
Cuando el sentimiento de venganza recurre en el pensar y se torna obsesivo se convierte en una “sed de venganza”. El impulso se pierde en círculos de objetos indeterminados, que hacen imposible su satisfacción en un objeto concreto.
Entonces es cuando el pensar se carga de razones y fundamentos llevando las ideas recurrentes hasta la idea del “deber”, el “tengo que” tomarme la revancha”, revancha que se traslada con facilidad al ambiente, y que la impotencia traslada con facilidad a los seres queridos, objeto inocente e insospechado de tamaño resentimiento.
El resentido es terriblemente “susceptible” y se siente herido con facilidad ante cualquier comentario ya que la “sed de venganza” busca cualquier resquicio donde poder explotar.
• Círculo ciego que conlleva la mas pura insatisfacción, dado que no se descarga del daño sufrido ni del “honor ofendido” sino que además se añade a este estado:
La detracción del valor ajeno, la hostilidad ambiental que produce la errónea descarga, la pérdida de afecto o amor de los seres cercanos y desde luego la no solución del sentimiento que genera el conflicto mas allá que por un camino ilusorio, y la culpabilidad que origina la conducta errónea..
Ya vimos que es parte esencial del resentido el aplazar por impotencia la reacción, el contra impulso, de esta rémora viene el refrán “la venganza se goza mejor en frío”
Falacia por cuanto que aquel que demora su venganza actúa en posición inferior, se pone por debajo en el acto de respuesta.
El orgullo es caldo de cultivo del resentimiento, grandes pretensiones internas reprimidas unidas a un gran orgullo, y tal vez una posición social, o de reconocimiento social, inferior pueden provocar una sed de venganza y el consiguiente resentimiento ante la impotencia.
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