El sereno


Los mayores recuerdan un oficio, que con el paso de los años, se ha perdido completamente; el sereno.

El sereno desapareció de nuestras calles a mediados de los años sesenta y setenta del siglo pasado, coincidiendo con la proliferación de los coches patrulla policiales y la instalación de porteros automáticos en las casas. El folclore popular relacionaba el nombre de sereno con la supuesta constatación de que a altas horas de la noche era el único individuo en la calle que no estaba borracho.

Con todo, no siempre mereció el respeto de todo el mundo, tal como demuestra la expresión coloquial "tomar a alguien por el pito del sereno", un modismo que se aplicaba a una persona a la que no se daba ninguna importancia. Durante la dictadura franquista, en Navidad, los serenos (igual que los basureros y los carteros) pedían una limosna a los ciudadanos (el famoso "aguinaldo") a cambio de una estampa con la que felicitaban a la población. En muchas ciudades, los serenos también colaboraban con la Policía Armada para pillar gente que hacía pintadas nocturnas contra el régimen.

El oficio de sereno consistía en velar por el orden público durante la noche. La ciudad de Manresa tenía estipulada una división en demarcaciones y barrios (por ejemplo, en 1890 estrenaba la división en cinco distritos), y para cada uno de ellos estaba el sereno. La mayoría de ellos empezaban su trabajo, conocida como "la ronda", a las diez de la noche durante el invierno y en las once en horario estival. Su reloj era el de la Seo de Manresa. Luego que el reloj de la Sede tocaba las horas, se colocaban en fila ante las vueltas del Ayuntamiento en la Plaza Mayor, donde un superior pasaba lista y hacía inspección del personal. Después del control rutinario, cada sereno se dirigía a la zona asignada por el Ayuntamiento.

Los serenos llevaban un uniforme que les proporcionaba el ayuntamiento de Manresa, un revólver y una lanceta -saber los días de fiesta- como armas personales, un silbato y un farol de vidrio.

En determinadas calles de la ciudad y siempre que los vecinos lo reclamaran, el Ayuntamiento de Manresa col·lacava un vigilante particular, que era como un ayudante del sereno. El vigilante, no llevaba uniforme, tan sólo una lanceta. Los vigilantes ayudaban los serenos en barrios más grandes de la ciudad y ambos intentaban mantener el orden público y ayudaban en casos de necesidad como ir a buscar un médico o la comadrona. Anunciaban en voz alta la hora y el tiempo atmosférico durante la madrugada mientras hacían el recorrido por el barrio. Sin embargo los serenos son más recordados porque eran los responsables de abrir y cerrar las puertas de las viviendas de las calles que vigilaban.