La crema catalana
Receta
Se dice que un obispo iba de visita a un convento de monjas, famosas por su flan. La Sor, viendo que aún era demasiado líquido y no podría servirse al obispo, decidió hacerlo cuajar con almidón y darle unos toquecitos de canela y limón, además de su respectiva capa de azúcar caramelizado. El obispo, a sabiendas que se trataba de un plato frío, se echó la primera cucharada a la boca sin esperar, a lo que vivamente exclamó “crema” .
La crema catalana está bien documentada desde el siglo XIV en la literatura catalana, además de recetarios medievales como el Llibre de Sent Soví del XIV o el Llibre del Coch del XVI. Aunque el historiador, profesor y escritor gastronómico, Jaume Fàbrega, advierte en uno de sus artículos que en algunos de estos escritos medievales se nos presenta con el nombre de “llet cuita” o “lluixell”. Más adelante, durante el Barroco, la crema catalana será protagonista en ciertas ocasiones del dietario del barón de Maldà de Barcelona, Rafael d’Amat i de Cortada, titulado Calaix de Sastre y escrito entre finales del siglo XVIII y principios del XIX.
La crema catalana es considerada uno de los postres más antiguos de Europa y, a la par del resto de platos que aparecen en ellos, sabemos cómo era la dieta mediterránea en la Edad Media.
Además, es interesante ver que, a pesar del tiempo, su elaboración no ha cambiado significativamente: antiguamente se realizaba con almidón, yemas de huevo y con un toque de canela y limón, dos productos típicos de la antigua cocina árabe; y fue en el siglo XX cuando se realizó la primera y única variación: usar harina de maíz (maicena) en vez de almidón.
Con las innovaciones de la cocina moderna, en el siglo XXI, hay quien vuelve a la receta original.
