El Biscúter lo inventaron en Manresa (Barcelona) en los 50 tres amigos emprendedores: Perramón, Tachó y Vila. Funcionaba con un motor de 250cc monocilíndrico. Llegaron a vender más de mil unidades. Era simpatiquísimo. Cuesta abajo alcanzaba los 70 kilómetros por hora.
Costaba un equivalente a unos 150€ actuales, 28.600 pesetas de la época.
A partir de 1954 La sociedad Autonacional ASA lo fabricó con éxito en Barcelona, con medios semejantes a los que hubiese usado una empresa mayor, lo cual, junto con el acierto del propio diseño, le permitió construirlo en serie y destacar entre la pléyade de microcoches españoles, generalmente producidos de manera muy precaria.
Las iconográficas carrocerías se empezaron a construir y redefinir en Construcciones Metàl·liques Rañé de San Just Desvern, dirigida por los hermanos Marcelino Rañé y Fernando Rañé planchista y padre del actor y director Ferran Rañé.
La red de concesionarios se extendió rápidamente por toda España, y el Biscúter conoció un periodo de esplendor de varios años, tras los cuales desapareció por completo. Su gama se diversificó en medio de fuertes divergencias de la directiva con versiones furgoneta y familiar, e incluso una versión discutidísima con carrocería de plástico que resultó un fracaso comercial y material.
En la fase final, con el Seat 600 ya en el mercado, el Estado cortó a Autonacional el suministro de aluminio, lo que determinó que gran parte de los Biscúter de entonces en adelante fuesen de acero total o parcialmente. Este acero, contribuyendo a la heroica idiosincrasia del Biscúter se obtenía de desplegar los bidones de aceite del Plan Marshall.
Coleccionistas de Biscúter


